- Ey, la semana pasada pasé tres veces por lo de beto y no te vi, ¿Dónde estás?
- Renuncié, no me lo bancaba más.
- Quiero verte
- Me fui a la costa, el aire de buenos aires no lo soporto ni un segundo más.
- Querrás decir la gente
- Sí, la gente. Me enferma. Las últimas dos semanas no podía respirar. El viernes fui a un bar, se me acerca un pelado y me invita un trago. La esposa lo dejó después de lo del 2001 y hace más de un año que no habla con sus pibes. Estaba viviendo con su madre pero ahora la wacha lo dejó en la calle por que no consigue laburo.
- ¿Le hablaste de beto?
- Boludo, el tipo ese no sirve para nada, está completamente perdido. Necesita alguien que lo ame, contención. Estuve a punto de pagarle una puta. Soy tan imbécil, durante cinco minutos me convencí de que un polvo y listo, se le solucionaron sus problemas. A veces me resulta, ¿Sabés? Por un rato.
- Es que es tan fácil, todos caemos en esa. Solo tenés que acordarte que el amor es dulce y el sexo no.
- Sos un tarado, a veces necesito dolor, recordar que estoy viva. Vos te crees que el amor es hacer masajitos y contener, pero no. Cada tanto hay que lastimar.
- Cuando te conocí pensabas que todo era amor, la pacha mama tu fuente de vida y los animales hermanos. ¡Eras vegetariana! Mirate ahora... No se qué pasó pero esta ciudad se mantiene fresca en su putrefacción y vos te estás consumiendo.
- Por eso me tenía que ir. Soy horrible.
- Y te fuiste a la costa. En enero.
- Mi abuela está enferma, quiero cuidarla estos meses que le queden.
- ¿Y después?
- No se, creo que quiero vivir con vos. Una cabaña en algún lugar que tenga pantanos. Que el piso se hunda bajo mi pie. Solo nosotros dos jugando a la casita robada y mirando las estrellas. Tal vez puedas terminar el libro ese del asesino serial, traelo.
- En el sur duramos dos semanas, ¿Te acordás? casi te mato. Sos muy sucia y yo no puedo ni dejar los platos para mañana. Además, te olvidarías las cartas.
- Pero se cocinar, y vos no podías ni abrir la lata de paté. Dale, llevo el mazo de mi último año de secundaria.
- ¿Podés parar? Duele mucho.
- ¿Por qué?
- Me invitaste decenas de veces a vivir a algún lugar, sabés que no va a pasar. Estás trayendo recuerdos demasiado lindos, no los quiero.
- Entonces son recuerdos lindos, ¡viste que la pasamos re bien en la carpa! Dale, en serio, vamos, aunque sea por un tiempito.
- Cuando puedas hacerlo, llamame.
- Estoy afuera de tu casa, tengo todo lo que necesito. Vayamos ahora.
- Eh... ¿Cómo?
- Te mentí antes. Mi abuela se murió y fui al funeral. Me llamaste justo cuando estaba yendo para tu casa. Iba a sorprenderte.
- No estás abajo.
- No, pero le agregaba dramatismo. Estoy en 20.
- Me mudé al quinto "c".
- Ya se, besito, te veo en un rato.
- Beso.